domingo, 6 de enero de 2013

Kechu tripantü/ We Matías Catrileo mawün mew. Cinco años/ Con la lluvia vuelves, Matías Catrileo. de Jorge Spíndola

Llueve y se suspendió el acto por el Weichafe Matías Catrileo; por hoy no habrá mural ni música en la Población San Pedro de Valdivia, habrá sólo ojos largos en las ventanas mirando la lluvia hacer sus pequeños ríos, charcos verdes con árboles reflejados, o al revés: charcos verdes serán espejos de esos ojos, ríos largos detenidos detrás de las ventanas.

Volví empapado de la población, la ropa en un rincón todavía tiene un hilo de agua que le cae.

Llueve y mi madre pica la carne para las empanadas, no la compra picada ni molida. Lo hace a la antigua como lo facían las ancianas allá en la isla. La veo aquí, junto a mí recreando modos, palabras, gestos que nos vienen de lejos: hijos y nietos mestizos, wilichos cárdenos, chilotes champurritas, nacidos bajo cuatro chapas en la estepa patagónica. Memoria de otro mundo que persiste somos.

Llueve y en la radio dicen que anoche hubo otros tres atentados incendiarios en la Araucanía. Que la machi Francisca Linconao quedó bajo arresto domiciliario y arraigo nacional, acusada de tenencia de armamento cerca del sector donde el viernes fue calcinado el matrimonio Luchsenger McKay, en Vilcún. La machi dijo que le plantaron las evidencias, que las armas y los gorros son un montaje de los carabineros; están acostumbrados a eso los sinvergüenzas, dijo.
Llueve sobre el lomo de los ríos que van a dar al Pacífico. Ayer trajimos harina de Collico y levadura también; alcanzamos a tomar unos mates al borde del Calle Calle en la estación de trenes abandonada. Le conté a mi madre de los Scwenke y Nilo, les hablé de Clemente Riedemann, le conté del Galo Arroyo y otros pájaros dispersos por el mundo que siempre volverán a este nido de agua que ahora tiembla bajo la luz.

Llueve como si fueran a moler los techos de zinc. El ritmo de la lluvia persigue el ritmo del cuchillo sobre la tabla de picar o al revés: la mano de mi madre sigue un ritmo de agua, una persistencia que cae sobre la carne hasta deshacerla o al revés: la carne el zinc la mano de mi madre golpean en lo blando que se escurre por el mundo y la memoria o al revés: la memoria llueve sobre el presente, lo habita de sentido deja sus charcos reflejando cosas invisibles en la luz.

-Las recuperaciones de tierras se enmarcan dentro de un proceso muy amplio, en el fondo lo que se está haciendo ahora es sentar las bases para poder empezar a aportar a reconstruir lo que es nuestra nación para poder ser nosotros mapuche, ser gente- Matías Catrileo, weichafe dungun. Ser gente en el mundo mapuche no es algo dado, ser persona es algo a lograr y a sostener en el tiempo, en las relaciones con otros, con uno mismo y con el mundo. El che es algo que se reconstruye enlazado a todo lo demás, a la relación con el Wall Mapu, a la memoria de los Kuifi keche yem, los mayores que han partido y siempre volverán, we kuifi keche siempre volverán.

-Parece que le va a dar todo el día hoy- dice mi vieja que viene de Comodoro Rivadavia donde el viento lleva y trae más que el agua por acá. Puel mapu kurrüf, Mari mari Kuifi keche yem, Mari mari pu lamngen, Mari mari com pu che, Matías Catrileo Weichafe, tu palabra no se va, le va a dar todo el día hoy, está cayendo sobre mí como lluvia de moler.

Llueve y el agua corre llevándose leves partículas de zinc; la mano muele sobre la tabla de picar y los medios de comunicación en manos de los momios dicen que los atentados ya son seis. Los lobos de la derecha chilena fascista vuelven a aullar con sed de sangre o al revés: los momios aúllan y los diarios vuelven a gritar en páginas su odio racial o de clase que aquí es igual. Llueve sobre el mundo y otra vez vuelve la sed inmunda que no deja ser.
El agua blanca que traje entre las ropas se hace charco en un rincón, o al revés: en el espejo de agua que traje hasta la casa, siempre lloverá. Wenü mapu mawün, Matías Catrileo weichafe, siempre estarás.

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