martes, 2 de julio de 2013

Lo que se conoce, de Raúl Mansilla

Son las cinco y veintiséis de lo que se conoce como mañana. 
Lo que se conoce como historia va en sentido de las flechas del reloj con el rostro de Jesús en un viernes que pudo haber sido santo en un viernes doblegado en un sobre con nosotros en la cama de una plaza, adentro de lo que se conoce como abrazo. Perhaps, perhaps, perhaps, en las cinco y treinta y cinco de lo que se conoce como vida. Lo que duró que se conoce como mar para pensar el ir y venir en misma marea. El mar para pensar esa enorme cantidad de gotas juntas para decir AZUL o estaremos alguna vez acá, juntos sentados parados en cuclillas observando la línea perfecta de lo que se conoce como amor. Son las cinco cuarenta y uno de lo que se conoce como desamparo, de lo que aparece ante los hombres en peste, en cabeza, en las calles donde solo pasan algunos autos con gente ebria y taxis amarillos con bajadas de bandera digital, en la ciudad que dejó el miedo de la gente que vuelve de perder lo que se conoce como dignidad. Me gustaría verte me gustaría verte me gustaría verte me gustaría verte me gustaría escucharte me gustaría escucharte me gustaría escucharte en un breve chasquido en el tiempo en la flecha en la misma punta donde viajan nuestras dos certezas que conocemos en secreto de la cual no hablaremos y que se conoce como milagro o lo que dispongan los evangelios o lo que crea conveniente la acumulación de saberes amontonados sobre nuestros cuerpos en lo que se conoce como soledad.




Raúl Mansilla (1959) nació en Comodoro Rivadavia (Chubut) y reside en Neuquén desde 1981.

lunes, 1 de julio de 2013

Lilichka, de Vladimir Maiakovski

En vez de carta

El humo del tabaco resquemó el aire.
El cuarto, un capítulo en el infierno kruchonijiano*.
¿Te acuerdas?,
tras esa ventana,
por vez primera,
acaricié, frenético, tus manos.
Hoy estás
con el corazón acorazado.
Otro día más,
y me expulsarás abrumándome de injurias.
En la turbia antesala no acierta
con la manga la mano quebrada de temblor.
Huiré,
arrojaré el cuerpo a las calles.
Arisco,
enloqueceré
tajado de desesperación.
¿Para qué eso?,
querida,
piadosa,
déjame decirte ¡adiós!
Aunque no quieras
es mi amor
Lastre que arrastrarás
adonde vayas.
Deja que llore en el último grito
el amargor del desaire.
El buey cansado de trabajar
va
y se tumba en las aguas frías.
Para mí
no hay otro mar que tu amor,
y tu amor no concede descanso.
Si quiere calma el elefante agotado
se acuesta majestuoso en la arena encendida.
Para mí
no hay otro sol que tu amor,
y yo no sé dónde estás, ni con quién.
Si atormentaran así a un poeta,
él,
por dinero, cambiaría a su amada y la fama,
pero a mí
no me alegra otro sonido
que el sonido de tu nombre entrañable.
No me arrojaré al patio,
no beberé veneno
ni podré apretar el gatillo en la sien.
En mí,
aparte de tu mirada,
no manda el filo de las navajas.
Olvidarás mañana
que te coroné,
que abrasé en el amor el alma florida,
y el carnaval agitado de los días vanos
aventará las páginas de mis libros.
Las hojas secas de mis palabras
¿te harán detenerte
y respirar con ansiedad?
Déjame
que con mi última ternura alfombre
tus pasos que se van.



(1916)

* Alexei Kruchónij, futurista, autor del poema “Juego en el infierno”.


(Traducción: José Fernández Sánchez)


sábado, 1 de junio de 2013

Laprida, de David Lagmanovich

Subió al taxi estacionado en la esquina de su casa y después de saludar al conductor le dio la dirección: “San Martín y Laprida”. Mientras ponía en marcha el motor, el hombre musitó; “Yo, Francisco Narciso de Laprida, cuya voz declaró la independencia de estas crueles provincias”. El pasajero lo miró con asombro y sintió la tentación de hacer una broma: “¿Usted es Laprida entonces?” El conductor lo corrigió: “Yo fui Laprida. Ahora manejo un taxi”.

David Lagmanovich (Huinca Renancó, Córdoba, 1927- Tucumán, 2010)



miércoles, 1 de mayo de 2013

El fresno, de Milagros King

Y la verdad es que me siento vieja.
Ya podría dejar de soplar el viento
sobre ese fresno de afuera,
de afuera y se sabe que hablo
de la calle y se sabe, ¿o no?,
que de las batallas hablo siempre.

Nosotros somos los que la tenemos clara
hasta que sopla un poco de viento.

Y ahí estamos, juntando cadáveres.
Ya no disimulamos más lágrimas
tras los versos del minimalismo y se sabe
que llega un punto en que hasta a nosotros
nos suena ridículo y vaya si se sabe.

Y la verdad es que todos nos sentimos viejos, ¿o no?,
Nosotros, los de después de la batalla,
que vinimos a juntar las pertenencias de los muertos
para entregarlas a los familiares.

Y la verdad es que no creímos nunca
y por eso nos la creímos. 
Aunque ya no nos sirve de nada.

Y ahora a dejar de escribir.
Y ahora a seguir juntando esos cadáveres de la calle
que si no por Buenos Aires no se puede transitar.

La verdad es que ya podría dejar de soplar el viento
sobre ese fresno de afuera.



Milagros King (Argentina, 1975 - 13 de diciembre - 2014)



domingo, 20 de enero de 2013

(enteros) de Rubén Eduardo Gómez


que se conocieron lejos y de lejos /
y se acercaron / se comieron las distancias /
con los colmillos voraces del ansia / reconocieron /
que se vieron y se dijeron / y por decirse se hicieron y completaron /
palabras que se hacían falta / en los ojos y las bocas /
pares / que se unieron y se estiraron /
y no pudieron despegarse / cuerpos de agua /
de todas formas / que tantas veces fueron amor /
tantas veces / tantas que fueron y volvieron por esas veces /
una y mil veces / aire y no /
que tantas veces fueron amor / flotaron a seis metros de todo /
enteros / y se despidieron siempre /
y se bienvinieron siempre / desde cerca /
que no saben desconocerse desacercarse /
descomerse desansiarse / desmirarse desverse
desdecirse / deshacerse
descompletarse / desunirse
desestirarse / desapegarse
descorporizarse / deformarse
desamorarse / desasirse /
tantas veces / tantas que fueron y volvieron /
una y mil veces / que no saben despedirse /
y no pueden desaberse desaprenderse
desacercarse / no /
que se conocieron y reconocieron / lejos ha en el tiempo /
que no sabe desaparecer
ni detenerse /

jueves, 10 de enero de 2013

(hermano) de Rubén Eduardo Gómez

el viejo apoya el hombro al lado del vidrio /
mira a viento traer y llevar todo eso que no tiene voluntad /
y piensa en que tiene que ir a treleo /
que cómo andará el hermano /
que no sabe por qué treleo //

piensa en la palabra hermano /
y se detiene como si viento no pudiera llevar y traer esa palabra /
no se acuerda bien de hermano /
es como una foto o algo así /
pegada a la palabra hermano esa cara que se le parece /
esa mirada dura y vidriosa como la de padre /
tierrita amarilla en la foto detenida en su palabra hermano //

le tiene que contar esto
saber cómo andará el hermano /
si pisará las huellas de cuando chicos /
de cuando le quedaban grandes las huellas
y las sombras eran finas /
y no era en treleo sino en la isla /
ahí se corría a los arroyos /
y a los días /
y el tiempo no sabía para qué //

ahora cómo andará /
tendrá la espalda encorvada / pelo blanco /
huesos duros / palabra hermano /
tendrá cobijo y mujer /
recordará la palabra hermano
tendrá foto con tierrita de otro color /
pisará huellas o dejará que las pisen hijos y consuelo /
sabrá por qué treleo //

el viejo cierra los ojos y deja de no mirar a viento /
que sigue enredando todo eso /
desparramando lo que no tiene voluntad /
como tierrita amarilla en la foto de hermano //

domingo, 6 de enero de 2013

Kechu tripantü/ We Matías Catrileo mawün mew. Cinco años/ Con la lluvia vuelves, Matías Catrileo. de Jorge Spíndola

Llueve y se suspendió el acto por el Weichafe Matías Catrileo; por hoy no habrá mural ni música en la Población San Pedro de Valdivia, habrá sólo ojos largos en las ventanas mirando la lluvia hacer sus pequeños ríos, charcos verdes con árboles reflejados, o al revés: charcos verdes serán espejos de esos ojos, ríos largos detenidos detrás de las ventanas.

Volví empapado de la población, la ropa en un rincón todavía tiene un hilo de agua que le cae.

Llueve y mi madre pica la carne para las empanadas, no la compra picada ni molida. Lo hace a la antigua como lo facían las ancianas allá en la isla. La veo aquí, junto a mí recreando modos, palabras, gestos que nos vienen de lejos: hijos y nietos mestizos, wilichos cárdenos, chilotes champurritas, nacidos bajo cuatro chapas en la estepa patagónica. Memoria de otro mundo que persiste somos.

Llueve y en la radio dicen que anoche hubo otros tres atentados incendiarios en la Araucanía. Que la machi Francisca Linconao quedó bajo arresto domiciliario y arraigo nacional, acusada de tenencia de armamento cerca del sector donde el viernes fue calcinado el matrimonio Luchsenger McKay, en Vilcún. La machi dijo que le plantaron las evidencias, que las armas y los gorros son un montaje de los carabineros; están acostumbrados a eso los sinvergüenzas, dijo.
Llueve sobre el lomo de los ríos que van a dar al Pacífico. Ayer trajimos harina de Collico y levadura también; alcanzamos a tomar unos mates al borde del Calle Calle en la estación de trenes abandonada. Le conté a mi madre de los Scwenke y Nilo, les hablé de Clemente Riedemann, le conté del Galo Arroyo y otros pájaros dispersos por el mundo que siempre volverán a este nido de agua que ahora tiembla bajo la luz.

Llueve como si fueran a moler los techos de zinc. El ritmo de la lluvia persigue el ritmo del cuchillo sobre la tabla de picar o al revés: la mano de mi madre sigue un ritmo de agua, una persistencia que cae sobre la carne hasta deshacerla o al revés: la carne el zinc la mano de mi madre golpean en lo blando que se escurre por el mundo y la memoria o al revés: la memoria llueve sobre el presente, lo habita de sentido deja sus charcos reflejando cosas invisibles en la luz.

-Las recuperaciones de tierras se enmarcan dentro de un proceso muy amplio, en el fondo lo que se está haciendo ahora es sentar las bases para poder empezar a aportar a reconstruir lo que es nuestra nación para poder ser nosotros mapuche, ser gente- Matías Catrileo, weichafe dungun. Ser gente en el mundo mapuche no es algo dado, ser persona es algo a lograr y a sostener en el tiempo, en las relaciones con otros, con uno mismo y con el mundo. El che es algo que se reconstruye enlazado a todo lo demás, a la relación con el Wall Mapu, a la memoria de los Kuifi keche yem, los mayores que han partido y siempre volverán, we kuifi keche siempre volverán.

-Parece que le va a dar todo el día hoy- dice mi vieja que viene de Comodoro Rivadavia donde el viento lleva y trae más que el agua por acá. Puel mapu kurrüf, Mari mari Kuifi keche yem, Mari mari pu lamngen, Mari mari com pu che, Matías Catrileo Weichafe, tu palabra no se va, le va a dar todo el día hoy, está cayendo sobre mí como lluvia de moler.

Llueve y el agua corre llevándose leves partículas de zinc; la mano muele sobre la tabla de picar y los medios de comunicación en manos de los momios dicen que los atentados ya son seis. Los lobos de la derecha chilena fascista vuelven a aullar con sed de sangre o al revés: los momios aúllan y los diarios vuelven a gritar en páginas su odio racial o de clase que aquí es igual. Llueve sobre el mundo y otra vez vuelve la sed inmunda que no deja ser.
El agua blanca que traje entre las ropas se hace charco en un rincón, o al revés: en el espejo de agua que traje hasta la casa, siempre lloverá. Wenü mapu mawün, Matías Catrileo weichafe, siempre estarás.

viernes, 4 de enero de 2013

en la ventana, de Gerardo Burton

en la ventana el sol cae y es otoño
y un doble reflejo de la luz
devuelve la mirada de las hojas secas

pronto habrá viento, y una blanca máscara
cubrirá las cosas
que preparan la espera



Gerardo Burton (Buenos Aires, 1951) reside en Neuquén desde 1986.
El poema pertenece al libro "Aire de penumbras" (Ediciones Último Reino, 1995)

jueves, 3 de enero de 2013

Quise ejercer la distancia..., por Carlos Blasco

Quise ejercer la distancia una vez más
y puse entre los dos el ritual
sus puentes
estaciones de servicio
postales de cetáceos
la fauna atropellada de la ruta
la dosis
necesaria de wisky
de humo

Comodoro es estar lejos

y es un cansancio de 45º de pendiente
hacia la cama
y el frío que averigua el camino hasta el hueso
y aquí también
aquí
derrotada de óxido
la pesada chatarra del petróleo
familiar y distante
pareciéndose a todo

pero Comodoro es este exilio
de brazos abiertos
este laboratorio de física nocturna
donde estoy calculando con errores
tu lejana fuerza de atracción
mi más desesperada órbita de escape.



Carlos Blasco nació en 1976 en Plaza Huincul, Neuquén.
Este poema partenece a "Para la dama de la cartera y el caballero del bolsillo" (Libros Celebrios, Neuquén, 2004).

miércoles, 2 de enero de 2013

No sé como se dice, por Debrik Ankudovich

No sé cómo se dice,
nunca sé como se dice.
Es cierto:
dolor, estrella, bocamuerta.
Pero el ojo no duerme
donde el cuerpo descansa,
el ojo no descansa.
¿Mordedura de la luz?
No, no es cierto:
No sé cómo se dice,
nunca sé cómo se dice.
Lo más frágil de mi máscara
te lo llevas por espejo.



Debrik Ankudovich nació en 1961. Vive en Playa Magagna, Chubut.
El poema pertenece a "Veneno para hormigas" (Ediciones Parque Chas, 1999).