martes, 21 de junio de 2011

Papá botas altas, de David Aracena

El hombre entró empujando con la puerta, hacia afuera, la oscuridad y el frío.
- Noche perra - dijo.
La mujer vino a besarlo, entre el olor a cebolla y aceite que llenaba la noche. Colgó su saco en una silla, que guardó su cuerpo, arrugado e invisible, con un absurdo tórax.
- No he conseguido nada, mujer.
- Es lástima, es lástima.
- Mañana iré a la compañía.
Y siguió comiendo. Después llamó a su hijo:
- Yanko - gritó.
El hijo pensó: "Padre me trata de usted. Esto lo hace siempre que está enojado. Tiene una seria cara de gato".
Pero su padre está solamente preocupado. Esto lo supo después, al otro día, cuando temprano salieron rumbo a la compañía petrolera.
Iban los dos silenciosos en el autovía que hacía el trayecto. Las ruedas chácate, chácate. Después tuvieron que hacer todavía parte del trayecto a pie.
Un humo lechoso ascendía de las lomas. Un olor a gas, penetrante y agrio, llenaba la mañana.
- Padre, ¿quién prende la cocina de las nubes?
Nada, su padre calladito.
Le gustaría a él prender la cocina, temprano. Sobre todo en estas mañanas heladas. Un gorrión entraría. Psh. Psh. No hay que hacer ruido, que no se vaya. Psh. Psh. Se escuchaba, cercano, el ruido de los balancines de las torres de petróleo. A lo lejos, hombres trabajando en monos azules, con guantes de cuero.
Cuando el hombre entró al edificio de la compañía se detuvo indeciso frente al agresivo mecanismo de las oficinas. Antes se limpió los pies cuidadosamente, con ese miedo de los humildes, retardando en lo posible tener que hablar.
Yanko leía despacio los correctos carteles fijados a las paredes: "No hay vacantes". Los hombres escribiendo a máquina. ¡Qué rápido los dedos sobre las teclas! Aquí la "a" brillante; arriba, el 2.
Vino un empleado y le entregó un formulario. Pedro, el padre de Yanko, daba vueltas al papel en las manos, sin saber qué hacer con él. Y vino la mano y se llevó el papel. Pedro se quedó esperando, enorme, en el hall de la compañía, y mientras alguien, detrás de los escritorios, se reía diciendo:
- ¡Estúpido hombre!
Volvió el empleado:
- No tenemos tiempo para perderlo con hombres como usted.
Y él, Pedro, murmuraba:
- Déme cualquier cosa - Y pensaba confusamente en esa época en que fue niño y hubiera querido aprender el nombre de las letras y leer después esos libros grandes.
La voz caía, deshilachada y rota, gastada de tanto decir "No, señor", "Sí, señor". Yanko observó cómo su padre daba vuelta, la cabeza baja. Papá querido, con las botas altas, tan humilladas.
Cerraron la puerta sin ruido. Afuera, la mañana seguía creciendo, silenciosa, segura, como un árbol.


de "Papá botas altas" (Grupo Pro Cultura, Comodoro Rivadavia, Chubut, 1986)
David Aracena nació en San Luis en 1914 y cinco años más tarde ya vivía en Comodoro. Falleció en 1987 en ésta ciudad.

2 comentarios:

  1. Anoche tuve la suerte de conocer a la hija de David Aracena, en un encuentro de la Promoción 69' del Colegio Perito Moreno, a quien saludé y le manifesté mi admiración por su papá. Me sentí muy bién por ello.
    Julián

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  2. Casualmente hoy en mi casa encontré un ejemplar de Papá Botas Altas. Tiene una dedicatoria a un tal Mariano del que supongo yo que es de Aracena (firma "David dic 1986")

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