jueves, 27 de enero de 2011

VI, de Vanna Andreini

Mi hermana estaba atada a una silla con la boca sellada por una
cinta scotch gris metalizada, unos strasses pequeños, muy
pequeños, brillaban sobre la cinta. Alrededor de ella nuestra
madre caminaba sosegada. Bajaba y subía la cabeza, bostezaba,
su vestido de muchas tiras de tela se ondulaba dejando ver las
varias capas, miles de tonos de gris. Atraída por los reflejos
acuosos yo me movía hacia ella, sonreía y abría grande grande la
boca, el olor a café me anestesiaba.


(de "Monsterinc", 2005, Ediciones Vox, Bahía Blanca, Buenos Aires)

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