sábado, 22 de enero de 2011

Mito y ficción en la Literatura Patagónica, por Rubén Eduardo Gómez

(participación en la mesa homónima organizada por la S.A.D.E. en el marco de la Feria del Libro de Comodoro Rivadavia, Chubut, 15 de octubre de 2007)

El escritor Javier Bello, en un excelente trabajo sobre el poeta trasandino Rolando Cárdenas, dice: "Es cierto que conocer es el intento opuesto, en un principio, de mitificar. El mito aleja al sujeto del conocimiento, pero permite construir una ilusión de dominio sobre la realidad, sobre aquello que verdaderamente excede nuestras posibilidades perceptivas. La voluntad de conocimiento, al hacerse resolutiva, al detener la naturaleza de su proceso, que es el mismo movimiento, se transforma en un mito en sentido contemporáneo, es decir, en un paradigma, al cual, a su vez, otra búsqueda de conocimiento debe desmentir para la perpetuación dialéctica del entendimiento de la realidad y sus evidencias. Creo que toda gran poesía es una búsqueda de conocimiento". (1)
Quizás esté en esta última afirmación de Bello, la explicación a la buena poesía que se escribe en la región patagónica que, con identidad propia, marcada y única en el país, se diferencia de la otra que también se escribe aquí. La búsqueda de conocimiento como una intención opuesta a los múltiples mitos de la historia que se reafirman constantemente y casi cotidianamente. Nuestra ciudad es proclive a sostener que "buscando agua se encontró petróleo" por ejemplo, cuando hay una infinidad de documentos que prueban lo contrario, que la gente que llegó aquí lo hizo con la firme intención de encontrar petróleo y la prueba está inclusive en los equipos que desembarcaron en Comodoro Rivadavia. Esos mitos no han sido creados por los escritores ni por los poetas.

Las ficciones astutas
El escritor y editor rionegrino Raúl Artola, en la presentación de la revista-libro El Camarote, en la II Feria de la Palabra en Comodoro Rivadavia, dijo que "El mito sobre la Patagonia se nutre de las crónicas de los viajeros de los siglos XVIII y XIX, actualizado por astutas obras de ficción y mercantilizado por las imágenes de ballenas y lobos marinos sobre su dilatada costa marítima, los majestuosos glaciares en peligro, lagos y montañas de evocación europea y un cordero exquisito. A los seres fabulosos que algunos creyeron ver en tiempos remotos se agregaron luego las riquezas del subsuelo, reales y codiciadas, que adelantaron aventuras de variado porte y amenazas siempre latentes. La historia oficial cuenta fríamente, con óptica positivista, la conquista blanca de ese desierto y la inveitable represión del campesinado sureño por los militares, fieles custodios del latifundio, nacional o extranjero. Algunos bandoleros famosos y el extraño color de las culturas nativas, apenas sobrevivientes, completan el estático friso que la cabeza de Goliat concibe con pereza y miopía como la representación acabada del "flanco más vulnerable de nuestra soberanía", según el florido decir de los sociólogos nacionalistas. Salvo excepciones tan escasas como para no modividar el imaginario colectivo -el cine ha aportado "Mundo grúa", de Pablo Trapero, e "Historias mínimas", de Carlos Sorín-, las producciones culturales de toda índole que nacen de esta visión esquemática de la Patagonia refuerzan el mito y postergan una mirada sobre los hombres y las mujeres que trabajan, sueñan y crean en el sur. Cada tanto, desde el atalaya porteño de algún medio, con su horizonte de brumas y antenas satelitales, se descuelga algún paracaidista fletado para colorear páginas insulsas o se le ofrece espacio editorial a escritores o turistas profesionales, ávidos de oxígeno, para que brinden su "testimonio" del paso por algún rincón patagónico. Estas operaciones no son inocentes. Todo el mundo sabe que Roberto Arlt no ha resucitado para retratar magistralmente vida y milagros de la Patagonia, por caso, como lo hiciera en las aguafuertes rescatadas por Sylvia Saítta en "En el país del viento" (Simurg, 1997). La literatura que se produce en la Patagonia dista mucho de identificarse con las tradiciones indígenas. En líneas generales la búsqueda es tan personal como la de cualquier escritor, sea cual fuere su cultura de origen y el lugar donde viva, de modo que materia y forma se funden en expresiones donde la vida y la muerte, el amor y la frustración, la soledad y el desarraigo, son ejes insoslayables. La resonancia del ámbito, no obstante, es muy fuerte, sin que el gesto suene impostado en el mejor de los casos. Ramón Minieri, poeta, ensayista, narrador y docente rionegrino, ha desarrollado en un libro inédito la tesis de que para comprender quiénes somos los patagónicos debemos estudiar las migraciones internas, los movimientos poblacionales y las huellas que dejan. Así, la literatura que se viene produciendo en la región es tan diversa, dispar e inclasificable como heterogénea es la conformación de su geografía y aluvial el devenir histórico de cada una de sus regiones y pueblos. Un recorrido rápido por los nombres y trayectorias de los creadores más productivos en la actualidad arroja un resultado previsible: la mayoría no nació en la Patagonia y de esa parcialidad un alto porcentaje se radicó en las décadas del ´60 y ´70, años del nacimiento de las provincias y del exilio interior respectivamente. Por lo tanto, la mirada de esos poetas y narradores, hoy plenamente sureños en sus circunstancias y decisión de vida, se formó en otros paisajes y ese cuño, impostergable, se advierte claramente en sus textos, como afirma el poeta, ensayista y dramaturgo, Juan Carlos Moisés, chubutense nativo, de Sarmiento, y una de las mayores voces de la Patagonia. En esta ciudad se escribirá una novela, decía hace unos años en Ushuaia, la fueguina Anahí Lazzaroni desde el título de un texto bello, provocador y estimulante. Y la suya parece una profecía válida para todos los rincones de la Patagonia, cruel y acogedora, tierra mítica de lejanas tradiciones, agua que se escurre fuera de cauce, madre que nos pare todos los días, que expulsa y retiene a la vez, incansable". (2)

La obra que no está
La aparición del libro de Héctor Raúl Ossés, sobre ficción y realidad en la Patagonia nos lleva a pensar justamente en la intencionalidad que la creación de mitos y sus sostenimiento en el tiempo tienen para procurar un status quo en el imaginario común. La ignorancia sobre la historia de la ciudad y la región es tal que la misma se repite cíclicamente, como una suerte de "eterno retorno" que en algún momento planteara Lino Marcos Budiño a principios de la década del ´70. "Comodoro Rivadavia: sociedad enferma" habla de la monoproducción petrolera y la diversificación económica, de la desigual distribución de la riqueza, de la marginalidad urbana, de la inmigración chilena, de la postritución que acarrea la explotación petrolera y su boom, de la moralina que embarga al pueblo, del alcoholismo, de la delincuencia, de las empresas explotadoras extranjeras, del centralismo que conlleva la falta de autonomía política y, por supuesto, la falta de compromiso de sus residentes. "Enferma porque impide la ruptura del cascarón frustrante que mantiene el status quo, y enferma también porque desde afuera no se le brindan las posibilidades de resolver sus problemas, que son en definitiva de estabilidad económica y social". (3)
El libro de Ossés se queda en el planteo de las cosas, circunscribe la Patagonia a su Santa Cruz, obvia algunos datos fundamentales sobre la historia de su provincia y, en el tren de los mitos, nada dice de la fabulosa Trapalanda, reafirma algunas ficciones y olvida las realidades. Se trata de la ponencia que el escritor santacruceño hizo en Manchester, Inglaterra, como "conferencista no académico" de la Universidad Nacional de la Patagonia Austral (UNPA), y que nos permite conocer lo que el cantautor fue a decir, pero lo que es más claro, nos permite saber todo lo que no dijo, dejando un sabor amargo por la oportunidad histórica de reivindicar hechos ante quienes, con Drake y Cavendish a la cabeza entre otros, hicieron parte de la historia de esta región. Eso sí: la edición es bilingüe. Especialistas en historia patagónica coinciden en que Ossés edita en realidad "un prólogo para una obra que no está".

Ficciones verdaderas
El docente e investigador de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco (UNPSJB), Raúl Muriete, asegura que "aquí la identidad deja de ser un proceso natural, sin conflicto y de libre adhesión (esto no quiere decir que las clasificaciones culturales no sean conflictivas y arbitrarias) y nos encontraríamos con una variada gama de grupos locales propensos a imponer un tipo de identidad, de reconocimiento, de actuación, propia de los mismo grupos de pertenencia. Lo interesante de esta tesitura es que la identidad aquí es reconocida como un espacio de conquista, dominio, estrictamente interesado". (4)
Y en esa lucha de poder empresarios, políticos, los medios de comunicación, actores políticos como dirigentes barriales, desocupados, planes trabajar, gremios y otras, son las piezas que promueven la construcción de grupos con identidades definidas. Los mitos locales que se siguen sosteniendo con fuerza también son medios que se utilizan para la construcción de la identidad. Los mitos que se vuelven paradigmas en el hoy como ayer: la destilería de petróleo que abarataría el costo del combustible, el cierre de la válvula que alimenta de petróleo y gas al norte del país y que se promete siempre que se sufren postergaciones o no se atienden los reclamos; la utilización de las regalías en la diversificación económica (que para ello fueron creadas y sin embargo jamás se utilizaron para tal fin); y aquél que sostiene desde antaño que "buscando agua se encontró petróleo".
La identidad de la ciudad no puede pensarse desde otro lado que no sea el propuesto por el profesor Muriete, porque es la ciudad un espacio de conquista, de dominio, donde los intereses creados y el poder económico se imponen por sobre cualquier otra posibilidad de entenderla, de nombrarla.

La genealogía del nombre
En un excelente trabajo denominado "El eco de la letra", el escritor local Ángel Uranga investiga el origen de la palabra Patagonia. Y asegura que "las palabras patagón / patagones provienen de la letra, de la letra de la literatura. Debemos a la investigadora María Rosa Lidia de Malkiel la restitución de la verdadera etimología oscurecida por el prejuicio y el lugar común, señalándola en los libros de caballería tan consumidos por descubridores y conquistadores hispánicos del siglo XVI; tal la novela "Primaleón", perteneciente al ciclo de los "Palmerines" con ediciones de 1512 a 1588. La interpretación por ser tan insólita como valiente fue objetada en un intento de refutación por parte de Leoncio Deodat forzando el término "Patagonia" como equivalente a "tierra de indios pobres, de escaso valer". Igualmente se pretendió un origen quechua de la palabra, dando por supuesto que Magallanes dominara ese idioma americano. En suma: respecto a la etimología de "patagonia - patagón - patagones", resulta el topónimo dado a los habitantes de la región austral atlántica por el marino portugués al servicio de España, Hernando de Magallanes. El étimo "Patagón" proviene del monstruoso personaje homónimo del "Primaleón o segundo libro de Palmerín de Olivia", o también "Libro segundo del emperador Palmerín", edición de 1512 en Salamanca". (5)
Nada tiene que ver el tamaño de los pies del Aoni Kenk en el nombre que se les dio desde los barcos de los invasores.
Quizás desde esa aleatoria forma de nombrar al nativo de estas tierras se establece el sino de escribir literatura por sobre la historia, de construir y divulgar mitos por sobre la real difusión de los hechos como sucedieron. Los ejemplos son muy claros y los hay en profusa cantidad. En la tarea de destruirlos se encuentra, entre otros, el historiador Ernesto Maggiori, con una bibliografía extensa y muy rica en cuanto a rigurosidad científica, y ubicado en el lado opuesto de aquellos que enumeran algunos hechos y obvian otros con tendenciosa intención.
Pero no son los poetas los que crean los mitos o construyen ficciones para contribuir a la construcción de la identidad o coadyuvar a oscuros fines políticos, al menos no en su gran mayoría.
El periodista y escritor Cristian Aliaga también tuvo palabras para el mito patagónico: "El mito de la Patagonia es uno de los más resistentes en estos tiempos en que los mitos duran poco. Libros, películas, sueños, marcas de los artículos más variados llevan años vendiéndose gracias a él. El mito mismo parece estar en venta". (6)

El país aparte del país
El poeta Juan Gelman aseguró, hace unos años atrás, que "hay muchas voces valiosas en el Sur -ese país aparte del país- que la macrocéfala Buenos Aires no quiere absorber. Hay que insistir".
No quiere o no puede absorber, he aquí una cuestión a resolver también. Ese país aparte tiene a su vez regiones con su propia identidad, su propia historia y cultura. Su gente es diferente y su pluma marca el papel de manera distinta. Es imposible notar un tono patagónico que identifique a la Literatura escrita en la región como un movimiento literario con fuerza propia. No hay un corpus literario que nos permita hablar de ella con características similares. Los temas, las vivencias, los recursos, incluso el idioma y sus giros lingüisticos, las formas de vida y de ganársela -que por ejemplo, nos unen más a Caleta Olivia que a Trelew- los paisajes y las distancias, todo es prácticamente inabarcable. Lo que nos acerca es nuestra juventud y todo lo que debemos aprender y crecer. Hablo de juventud cultural. Los centros culturales del país nos llevan dos o tres siglos de vida y ubicarnos como un país aparte nos aleja de aquél aprendizaje.
Creo que hablar de Literatura Patagónica es un anacronismo, construido por quienes intentan usufructuar el mito patagónico, por quienes tienen en venta un catálogo de productos regionales, todos ellos con su respectiva etiqueta y en sus respectivos anaqueles. No nos ayuda en nada por ahora. Nos sigue empujando a que los hacedores sigan leyéndose a si mismos con las limitaciones propias de no contar con una red de distribución de sus producciones que permita el acceso a los libros que se publican en la región. No conocemos todo lo que se publica por lo que es imposible hablar de un corpus propio, por todo esto y porque es inabarcable para su análisis.
Hablar de Literatura Patagónica no amplía el registro de lectores, no nos permite ingresar a la educación formal, no llegamos a la gente de manera directa. Toda vez que ni siquiera constituye un rótulo que contribuya a generar el interés de lectores más que aquellos extranjeros que, de la misma manera que adquieren cualquier otro producto, compran un libro: mero exotismo.
En otro orden de cosas, estoy convencido de que la Poesía está más cerca de la Filosofía, y dentro de ésta de la Ontología que de la Literatura. Y todo este trabajo pues, está pensado desde ese lugar. La poesía como búsqueda de conocimiento. ¿Importa entonces el lugar de nacimiento del poeta? ¿O hay algún tipo de requisito para lo que el decir desde donde sea pueda ser rotulado como "patagónico"?
La problemática cultural es tan vasta que prefiero pensar en la utopía como lo hacía la poeta neuquina Irma Cuña y no en el mito. La utopía como parte de la condición humana, y el proyecto del mañana que significa la verdadera aprehensión de la temporalidad. La utopía reconoce simultáneamente elementos de la ficción y elementos de la realidad, es crítica de la sociedad de la época y proyecto de una sociedad que vendrá.
El poeta comodorense radicado en Neuquén, Raúl Mansilla, dice en su poema V:

Sur es el después.
Salvaje mordedura de los astros,
ni los sueños de todas las especies,
han estado en sus partes últimas.

Claroscuro de órdenes terrestres,
todo lo que toca
lo transforma en distancia,
todo lo que huele,
en bárbaro silencio. (7)

Creo, como Javier Bello, que toda gran Poesía es una búsqueda de conocimiento.


(1) BELLO Javier, Rolando Cárdenas. El Sur, territorio y mirada, www.surdelsurpatagonia.com.ar - Julio de 2001.-
(2) ARTOLA Raúl O. - El Camarote Literario Nº 3, Viedma, Río Negro - Texto presentado en la II Feria de la Palabra de Comodoro Rivadavia, el 9 de julio de 2004.-
(3) BUDIÑO Lino Marcos - Comodoro Rivadavia: Ciudad Enferma, Capital Federal, 1971.
(4) MURIETE Raúl - Las identidades como ficciones verdaderas en el Comodoro actual - Artículo publicado en Diario El Patagónico, febrero de 2006.-
(5) URANGA José Ángel - El Eco de la Letra, una genealogía patagónica, Biblioteca Virtual Temakel, Julio de 2002.
(6) ALIAGA Cristian - Crear en la tierra mítica, Suplemento especial Interior Chubut, Revista Ñ, Buenos Aires, Marzo de 2006.
(7) MANSILLA Raúl - V, Estaciones de la Sed.

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