sábado, 3 de diciembre de 2011

4. de Máximo Ballester

Algo golpeaba en el mar, algo como una reverberación en
su hora. Aves de yeso se alejaban demudadas, encogidas
de hombros. Algo golpeaba: un despertar o huevo, cierto
malestar en la superficie, furor orquestal... Yo volvía de
la espuma, oía voces en las olas y no quise mirar atrás.
Algo golpeaba con fuerza tras mi espalda y no quise
mirar. Me alejé prudentemente de la orilla hacia otros
médanos. Alguna razón debía tener el mar para estar así.



de En la orilla (El mono armado, 2009)

domingo, 26 de junio de 2011

Demolición, de Pedro Aznar

Hoy pasé por la demolición.
Está casi terminada; queda
sólo el basamento (coronado de chapas protectoras
como espinas) de los cinco pisos
que vieron pasar casi un siglo,
incluidos vos y yo.

Tenías razón: sobre el hombro indiferente
de la mole impersonal que alguien plantó a su lado
(y que parece haber llegado
justo a tiempo de escoltar la muerte)
quedó la huella del color durazno que elegiste
para el corredor de tu casa.

¡Ay, las coordenadas!
¡La geometría que voló a mis ojos
para calcular aquel lugar
que amamos!

Hoy en ese punto hay puro espacio,
cielo virgen, miradas perdidas
esperando el semáforo,
nada.

Y aún estás allí
conmigo, muerta de frío
mirando las estrellas de la alineación
como si de veras fueran a hacerle algo
al mundo.

Aún estoy allí,
en mi arrogancia veinteañera;
la vista clavada sobre el río,
un nudo de silencio en la garganta.

Estás ahí:
corrida por la magia
que tu corazón no se atrevía.

Aún me veo
dejándote una y otra vez,
volviendo siempre.

Fuimos ahí, más que en otras partes,
vos y yo, tanto,
que tal vez no imaginamos
nunca, nosotros en otro lugar.

Por eso,
ese nuevo punto que ganó el vacío
se nos parece tanto. Está lleno del horror
de no tener olvido.


de Pruebas de fuego (Longseller, 2005)

viernes, 24 de junio de 2011

7, de Mario Arteca

Los pueblos blancos se encuentran en el estadio final,
sin importar qué tipo de teorías fijen
su decadencia. Esa fisión ya es palpable,
menos imposible: aquí rige la segunda ley
de la termodinámica y el nuevo poder está ahí, la mecha
en su sitio, sea consunción del átomo o espita de fuego,
desinteresado del mecanismo sólo porque produce,
contrario al raciocinio. Ya no se tiene realidad alguna,
ni posesión, ni cualidad del instinto: hay estómago vacío
en ese círculo de recelos del ciudadano de a pie.
Zoon Politikón. Hasta ahora no presenta batalla
en ninguna parte. Niágara para ahogarse en la bañera;
Constantino alocando clavos en la cruz del príncipe.
La paz en su cincha, embeleco, y ya antítesis, pase ahora
de largo. Blandengue, contenido, evitando así
el peligro, algo de ello velada la pauperización.
En eso el aislamiento resulta más evidente,
aunque (claro) siguiendo con él, más esmalte y barniz.
Del cernícalo duplica el grito en el cielo, entre cercetas,
ya sumando nuevas cifras a viejas intercesiones.
En resumidas: Kleist no vivió lo suficiente; nunca.
Drittes Reich for out. Nunca. Y así levantaron
su cabeza de puente en el Este, y tras ello,
de lo mejor evaporándose.


de Guatambú (Tsé-Tsé, 2003)

jueves, 23 de junio de 2011

Abuelo muerto, de Germán Arens

En la barda
rondan los pumas,
y en el día
peregrinos que se arriman a la ermita
a tirar monedas
por entre las rejas
que aíslan al niño estatua..
A pocos metros Namuncurá bicha.
Solía llevarme
mi abuelo
en su Polara gris
a buscar té pampa
y otros yuyos monteros
que aliviaban
el doloroso dolor
que padecía en los riñones.
Abuelo,
respirador profundo,
levitador,
batidor de levadura.
Él me enseñó
que las brujas de Pichimahuida
hacen caca
en las botellas
que solidarios
dejan los viajeros
en la casa abandonada
camino a Juan de Garay.
Abuelo contradictorio,
reader´s digest socialista.
Abuelo tunuyano,
crecido pampeano
y adepto a los ríos.
Abuelo de primeras marcas,
electrodoméstico.
Salero salador de vidas,
avistador de platos voladores,
magnesiano total.
Abuelo muerto al que no me dejaron mirar.


de Pueblada (Ediciones en Danza, 2008)

miércoles, 22 de junio de 2011

Lejanía, de Alejandro Archain

En lo que ando
por ver
sin darme vuelta

ocupo espacios de sol
a contracara,
observo lo que queda
entre las hojas,

desdibujado y ciego
me repito.

Extraño, en todo caso,
otras naves
prometiendo a la distancia
un disturbio
de aromas y mareas.


de El jardín y sus detalles (Libros de tierra firme, 2004)

martes, 21 de junio de 2011

Papá botas altas, de David Aracena

El hombre entró empujando con la puerta, hacia afuera, la oscuridad y el frío.
- Noche perra - dijo.
La mujer vino a besarlo, entre el olor a cebolla y aceite que llenaba la noche. Colgó su saco en una silla, que guardó su cuerpo, arrugado e invisible, con un absurdo tórax.
- No he conseguido nada, mujer.
- Es lástima, es lástima.
- Mañana iré a la compañía.
Y siguió comiendo. Después llamó a su hijo:
- Yanko - gritó.
El hijo pensó: "Padre me trata de usted. Esto lo hace siempre que está enojado. Tiene una seria cara de gato".
Pero su padre está solamente preocupado. Esto lo supo después, al otro día, cuando temprano salieron rumbo a la compañía petrolera.
Iban los dos silenciosos en el autovía que hacía el trayecto. Las ruedas chácate, chácate. Después tuvieron que hacer todavía parte del trayecto a pie.
Un humo lechoso ascendía de las lomas. Un olor a gas, penetrante y agrio, llenaba la mañana.
- Padre, ¿quién prende la cocina de las nubes?
Nada, su padre calladito.
Le gustaría a él prender la cocina, temprano. Sobre todo en estas mañanas heladas. Un gorrión entraría. Psh. Psh. No hay que hacer ruido, que no se vaya. Psh. Psh. Se escuchaba, cercano, el ruido de los balancines de las torres de petróleo. A lo lejos, hombres trabajando en monos azules, con guantes de cuero.
Cuando el hombre entró al edificio de la compañía se detuvo indeciso frente al agresivo mecanismo de las oficinas. Antes se limpió los pies cuidadosamente, con ese miedo de los humildes, retardando en lo posible tener que hablar.
Yanko leía despacio los correctos carteles fijados a las paredes: "No hay vacantes". Los hombres escribiendo a máquina. ¡Qué rápido los dedos sobre las teclas! Aquí la "a" brillante; arriba, el 2.
Vino un empleado y le entregó un formulario. Pedro, el padre de Yanko, daba vueltas al papel en las manos, sin saber qué hacer con él. Y vino la mano y se llevó el papel. Pedro se quedó esperando, enorme, en el hall de la compañía, y mientras alguien, detrás de los escritorios, se reía diciendo:
- ¡Estúpido hombre!
Volvió el empleado:
- No tenemos tiempo para perderlo con hombres como usted.
Y él, Pedro, murmuraba:
- Déme cualquier cosa - Y pensaba confusamente en esa época en que fue niño y hubiera querido aprender el nombre de las letras y leer después esos libros grandes.
La voz caía, deshilachada y rota, gastada de tanto decir "No, señor", "Sí, señor". Yanko observó cómo su padre daba vuelta, la cabeza baja. Papá querido, con las botas altas, tan humilladas.
Cerraron la puerta sin ruido. Afuera, la mañana seguía creciendo, silenciosa, segura, como un árbol.


de "Papá botas altas" (Grupo Pro Cultura, Comodoro Rivadavia, Chubut, 1986)
David Aracena nació en San Luis en 1914 y cinco años más tarde ya vivía en Comodoro. Falleció en 1987 en ésta ciudad.

miércoles, 2 de marzo de 2011

Palabras para tu presencia en el tiempo, Anita Aracena

Yo creo en las voces de las anclas
que dejan crecer sus memorias
en las arenas llamadas a no morir.

Creo que tu nombre habitará los caracoles
y tus palabras se hundirán en el tiempo
donde vive mi ternura.
(te nombro tan despacio,
cuando las estrellas encienden sus canciones
y recuerdo una muñeca que vestía de azul
para estar dentro de sí
habitada por la lejanía)

El agua me devuelve tu mirada
y el lenguaje del horizonte
me acerca a lo que tu hablas
en las tardes.
(Cuando hablas, siempre estás
ya lejos de los atardeceres,
tallando en negritas,
un mapa de noticias).

Creo en mi manera de ser pájaro
cuando me siento en la arena
y voy absorbiendo tus manos en mi cabello
y te pregunto sin preguntar:
¿Dónde irá mi aire de soñar,
cuando mi cuerpo ya no tome la sombra de los humos?
¿Qué hará entonces mi peine
en sus coloquios con el espejo,
y dónde se irán a romper los colores
que solo mis ojos viajan
en rosa y verde?

Me llaman mis calles
y mis cuartos azules
aquel patito que regalé una tarde
en que estaba cerca de la reja
y ya sabía que Dios y de la sombra de los árboles;
pero tú me tomas de las manos
y mis ojos te ven sonreír
y tiemblo un poco,
y las anclas y los mares
forman mi envío de -te amo-
(como suben entonces las canciones tan altas
que yo también creo que soy un poco cielo).


de Como son de azules las palabras (Grupo Pro Cultura, 1986)

martes, 1 de marzo de 2011

Jamás escribieron una sola línea, de Carlos Antognazzi

Jamás escribieron una sola línea de ficción o poesía, pero
allí están dispuestos a decir esto sí y aquello no, esto de
acá es literatura pero aquello nunca, esto y aquello, pero
ellos ni esto ni aquello, sólo crítica. Curioso comportamiento.
Curioso comportamiento, que no vacila en delimitar lo
indelimitable, en encorsetar lo inencorsetable, en
parcializar lo inasible. Y las obras, pobrecitas, quedan
indefensas
ante el "aparato crítico", ante el montaje de sabíduría y
circunspección de los ceños adustos, formalistas,
concienzudamente estructurados.
Y mientras ellos siguen con la crítica los escritores siguen
escribiendo, al margen de tanta bambolla erudita que nada
aporta
a la obra, porque nada se puede agregar a un texto bien escrito:
todo agregado no será más que eso, y entonces para qué.
Pero ellos no escribieron poesía ni cuento ni novela. Y sí
dijeron qué era poesía (el ritmo es el factor constructivo del
verso, sostuvo Tinianov) o, más genéricamente, qué es la
literatura:
aquello que posee literaturidad. ¿Y qué (monstruo verbal, diría
Borges redivivo) es la "literaturidad"? Pues la literaturidad es...
es... ¡justamente eso, literaturidad!
La crítica y la teoría no necesitan explicación (fuera del
texto), pero la literatura sí. Caramba, la literatura sí.


del libro Arte mayor (Ediciones Tauro, 2003).
Carlos Antognazzi nació en Santa Fe, Argentina, en 1963. Ha publicado 14 libros entre cuentos, novelas, ensayos, artículos y poemarios.

jueves, 3 de febrero de 2011

I, de Norberto Antonio

La consigna es no aceptarse fugaz, infectar de vileza
los días que no merecen ser vividos,
reconocer el gusto por la forma de las frutas,
separar el espesor de la espesura y después
hacer una desolación con tres silbidos
y después no hacer ningún esfuerzo en abstenerse
de cantar en los cementerios
junto a los que no murieron del todo
y después, después
quemar todo lo escrito
como si desvivir fuera posible.

(de "Cerca no es encima", 2008, Honorarte, Buenos Aires)

lunes, 31 de enero de 2011

La poda, de Carlos Aprea

entrado el invierno,
fría la tierra, la corteza fría,
las ramas implorando hacia el cielo plomizo,
el viejo calza sus guantes y prepara
la pinza de podar,

observa el ciruelo sus extendidas ramas,
recorre el cuerpo que ha dado el tiempo
a la copa desnuda,
sus antiguos nudos, sus bifurcaciones,
adivina una geometría que subyace
oculta a nuestra vista
y comienza, corte a corte,
a volverla visible,

de cada uno de estos cortes
dice,
depende la próxima cosecha.

(de "abrigo", 2006, Ediciones Al Margen, La Plata, Buenos Aires. Carlos Aprea nació en La Plata en 1955)

domingo, 30 de enero de 2011

Sopapa frita, de Rodolfo Ap Iwan

Me aíslo como puedo
voy cerrando puertas
antecedo mis colirios

Junto los párpados
me parece que todo está roto,
quiero salir de acá
quiero ilusión.

Quiero ser
un contínuo escape,
un muerto que camina.

Hay gente
que pregunta.

Estoy al borde
del abismo

tengo que saltar
tengo que saltar
tengo que saltar

(de la Antología "Desorbitados", 2009, FNA, Buenos Aires. Ap Iwan nació en Trelew en 1975. Publicó "Cabeza de tarro" en 2008)

sábado, 29 de enero de 2011

Cancerbera, de Elena Anníbali

Algunos días, nosotras morimos.

Nos acostamos aquí, en la única cama que usamos ambas,
nos sacamos la piel, nos despellejamos como serpientes,
nos arrancamos los verdes ojos y los dejamos flotando
en un agua diáfana y transparente,
con los insectos y las rosas.

Esperamos la muerte conteniendo la respiración,
sudando jugos olorosos,
soñando en ocasiones,
con astronautas dulces que caen en nuestra casa,
como un pétalo macho, de la especie de los comestibles,
para asentarse en nuestras sienes,
en nuestros pechos,
en los húmedos clítoris suaves como mariposas.
Entonces nos permitimos enlazar los dedos,
jugar un rato a resucitar entre una mordedura y otra,
leernos la poesía de los elefantes que pastan.

Pero tras el juego, sabemos que algo desnudo viene a morirnos,
algo bravo y grande como la soledad,
que es una hogaza de pan desmigándose en el agua,
y recordamos con mucha tristeza todo lo bueno que tuvo la
vida:
la pronunciación musical de los extranjeros,
los perros amaestrados,
los carteles luminosos de los prostíbulos,
las lechuzas tibias y la noche, todo eso
que es tierno y efímero.

Nos matamos de a dos, siempre,
esto que somos, el cancerbero hembra,
nos matamos por todas nuestras lenguas,
por todas nuestras cabezas que gimen en la gruta,
con una sincronización que a veces
se parece tanto a la hermosura.

(de "Las madres remotas", 2007, Ediciones Cartografías, Río Cuarto, Córdoba)

viernes, 28 de enero de 2011

Otra vez el sol, de Héctor Miguel Ángeli

El sol es una venda suave,
muy dorada al principio,
cuando toca
los grandes parques exquisitos.
Luego sigue por un río de arena
que no alcanzo a comprender
porque está
en mi vereda, en mi cuarto, en mi cocina
y lo detengo y me llama,
y me lastima y vuelve
y luego sigue
hasta la sucia placita de los descalzos
y allí también me llama y vuelve,
pero entonces
esa venda suave es de color ceniza.

(de "Frutas sobre la mesa", 2007, Ediciones El Mono Armado, Buenos Aires)

jueves, 27 de enero de 2011

VI, de Vanna Andreini

Mi hermana estaba atada a una silla con la boca sellada por una
cinta scotch gris metalizada, unos strasses pequeños, muy
pequeños, brillaban sobre la cinta. Alrededor de ella nuestra
madre caminaba sosegada. Bajaba y subía la cabeza, bostezaba,
su vestido de muchas tiras de tela se ondulaba dejando ver las
varias capas, miles de tonos de gris. Atraída por los reflejos
acuosos yo me movía hacia ella, sonreía y abría grande grande la
boca, el olor a café me anestesiaba.


(de "Monsterinc", 2005, Ediciones Vox, Bahía Blanca, Buenos Aires)

miércoles, 26 de enero de 2011

esperando a inacayal, de Liliana Ancalao

Volvió Inakayal. Los huesos del lonko habían permanecido desvelados demasiado tiempo en la vitrina de un museo. Volvió para descansar en la tierra.
Mis paisanos lo esperaban en Tecka. Puntuales estaban allí: Fabiana y Silvia.


las imagino celestes                                                 ngüne kintufiñ kallfü
el frío en las polleras                                                ti külangen ti küpan mew
el corazón desandando la impaciencia                  ti piwke ñi ngenoafelüw külen


las veo celestes                                                        pefiñ kallfü
de espaldas a la luna                                                furitulen küyen mew
atentas a los signos de la tierra                              ngünel külen ti mapu pengel kimuam


sagradas y en silencio por no perderse                pekan negenon ka ngenozungun mew
ni un latido                                                               rulmenon kiñe witan no rume
del tiempo aquel que regresó ese día                    ti kuyfi tren mew
a tocarles las manos y los ojos                              ñi wiñomun feychi antü
y las halló tempranas                                               ñuñmaafiel ñi küwü ka ñi nge
sin esquivarle la mirada al viento                           ka puliwen pefi
                                                                                       ñi entulel nofiel nge küruf


merecedoras del rumor en chezungun                     kimfal ngen chezungun mew
...inacayal... lonko... piwke...                                   ...inacayal... lonko... piwke...
en remolinos                                                              mewlen mew
hasta aquietar la espera                                            küme newe nofiel ti üngüm külen


del fondo azul                                                           ti kallfü ponwi
recorto sus figuras y las traigo                               inazafiñ ni chumlen ka küpalfiñ
desde antes y hasta el horizonte                            kuyfi mew ka ti afpulu mew


antiñir                                                                      antüngür
cayupán                                                                  kayupange
anay hermanas                                                        anay lamngen


(de "Tejido con Lana Cruda", edición de autor, 2001. En cursiva la traducción al mapudungún)

martes, 25 de enero de 2011

La poesía también, por Debrik Ankudovich

la poesía también tiene su camorra
de yuppies insomnes
por la espuma lúdica
viajan
a caballo del escarnio
a tirar de la lengua de los locos
enumeran las glorias y los días
sentados
a la silla hirviente del jadeo eléctrico
donde ruedan los crímenes
escriben
discursos para enanos sofisticados
arman y desarman los abismos
confunden ángeles con alcohólicos recuperados
magas con viejas menopáusicas
en el barco saqueado del olvido
nieblan vergüenza con espanto
y llaman hermano
a los mendigos

(de "Veneno para hormigas", Ediciones Parque Chas, 1999)

domingo, 23 de enero de 2011

Sin título, de Daniel Amiano

desandar siempre y a pesar
para que al fin haya algo legítimo
el amor sin papeles la risa sin negociados
el recuerdo sin herencia

desandar siempre siempre y a pesar
y no darse el gusto de la muerte
apenas cambiar de sombra




(de "Zurrusco", Libros del Empedrado, Buenos Aires, 1994)

sábado, 22 de enero de 2011

Mito y ficción en la Literatura Patagónica, por Rubén Eduardo Gómez

(participación en la mesa homónima organizada por la S.A.D.E. en el marco de la Feria del Libro de Comodoro Rivadavia, Chubut, 15 de octubre de 2007)

El escritor Javier Bello, en un excelente trabajo sobre el poeta trasandino Rolando Cárdenas, dice: "Es cierto que conocer es el intento opuesto, en un principio, de mitificar. El mito aleja al sujeto del conocimiento, pero permite construir una ilusión de dominio sobre la realidad, sobre aquello que verdaderamente excede nuestras posibilidades perceptivas. La voluntad de conocimiento, al hacerse resolutiva, al detener la naturaleza de su proceso, que es el mismo movimiento, se transforma en un mito en sentido contemporáneo, es decir, en un paradigma, al cual, a su vez, otra búsqueda de conocimiento debe desmentir para la perpetuación dialéctica del entendimiento de la realidad y sus evidencias. Creo que toda gran poesía es una búsqueda de conocimiento". (1)
Quizás esté en esta última afirmación de Bello, la explicación a la buena poesía que se escribe en la región patagónica que, con identidad propia, marcada y única en el país, se diferencia de la otra que también se escribe aquí. La búsqueda de conocimiento como una intención opuesta a los múltiples mitos de la historia que se reafirman constantemente y casi cotidianamente. Nuestra ciudad es proclive a sostener que "buscando agua se encontró petróleo" por ejemplo, cuando hay una infinidad de documentos que prueban lo contrario, que la gente que llegó aquí lo hizo con la firme intención de encontrar petróleo y la prueba está inclusive en los equipos que desembarcaron en Comodoro Rivadavia. Esos mitos no han sido creados por los escritores ni por los poetas.

Las ficciones astutas
El escritor y editor rionegrino Raúl Artola, en la presentación de la revista-libro El Camarote, en la II Feria de la Palabra en Comodoro Rivadavia, dijo que "El mito sobre la Patagonia se nutre de las crónicas de los viajeros de los siglos XVIII y XIX, actualizado por astutas obras de ficción y mercantilizado por las imágenes de ballenas y lobos marinos sobre su dilatada costa marítima, los majestuosos glaciares en peligro, lagos y montañas de evocación europea y un cordero exquisito. A los seres fabulosos que algunos creyeron ver en tiempos remotos se agregaron luego las riquezas del subsuelo, reales y codiciadas, que adelantaron aventuras de variado porte y amenazas siempre latentes. La historia oficial cuenta fríamente, con óptica positivista, la conquista blanca de ese desierto y la inveitable represión del campesinado sureño por los militares, fieles custodios del latifundio, nacional o extranjero. Algunos bandoleros famosos y el extraño color de las culturas nativas, apenas sobrevivientes, completan el estático friso que la cabeza de Goliat concibe con pereza y miopía como la representación acabada del "flanco más vulnerable de nuestra soberanía", según el florido decir de los sociólogos nacionalistas. Salvo excepciones tan escasas como para no modividar el imaginario colectivo -el cine ha aportado "Mundo grúa", de Pablo Trapero, e "Historias mínimas", de Carlos Sorín-, las producciones culturales de toda índole que nacen de esta visión esquemática de la Patagonia refuerzan el mito y postergan una mirada sobre los hombres y las mujeres que trabajan, sueñan y crean en el sur. Cada tanto, desde el atalaya porteño de algún medio, con su horizonte de brumas y antenas satelitales, se descuelga algún paracaidista fletado para colorear páginas insulsas o se le ofrece espacio editorial a escritores o turistas profesionales, ávidos de oxígeno, para que brinden su "testimonio" del paso por algún rincón patagónico. Estas operaciones no son inocentes. Todo el mundo sabe que Roberto Arlt no ha resucitado para retratar magistralmente vida y milagros de la Patagonia, por caso, como lo hiciera en las aguafuertes rescatadas por Sylvia Saítta en "En el país del viento" (Simurg, 1997). La literatura que se produce en la Patagonia dista mucho de identificarse con las tradiciones indígenas. En líneas generales la búsqueda es tan personal como la de cualquier escritor, sea cual fuere su cultura de origen y el lugar donde viva, de modo que materia y forma se funden en expresiones donde la vida y la muerte, el amor y la frustración, la soledad y el desarraigo, son ejes insoslayables. La resonancia del ámbito, no obstante, es muy fuerte, sin que el gesto suene impostado en el mejor de los casos. Ramón Minieri, poeta, ensayista, narrador y docente rionegrino, ha desarrollado en un libro inédito la tesis de que para comprender quiénes somos los patagónicos debemos estudiar las migraciones internas, los movimientos poblacionales y las huellas que dejan. Así, la literatura que se viene produciendo en la región es tan diversa, dispar e inclasificable como heterogénea es la conformación de su geografía y aluvial el devenir histórico de cada una de sus regiones y pueblos. Un recorrido rápido por los nombres y trayectorias de los creadores más productivos en la actualidad arroja un resultado previsible: la mayoría no nació en la Patagonia y de esa parcialidad un alto porcentaje se radicó en las décadas del ´60 y ´70, años del nacimiento de las provincias y del exilio interior respectivamente. Por lo tanto, la mirada de esos poetas y narradores, hoy plenamente sureños en sus circunstancias y decisión de vida, se formó en otros paisajes y ese cuño, impostergable, se advierte claramente en sus textos, como afirma el poeta, ensayista y dramaturgo, Juan Carlos Moisés, chubutense nativo, de Sarmiento, y una de las mayores voces de la Patagonia. En esta ciudad se escribirá una novela, decía hace unos años en Ushuaia, la fueguina Anahí Lazzaroni desde el título de un texto bello, provocador y estimulante. Y la suya parece una profecía válida para todos los rincones de la Patagonia, cruel y acogedora, tierra mítica de lejanas tradiciones, agua que se escurre fuera de cauce, madre que nos pare todos los días, que expulsa y retiene a la vez, incansable". (2)

La obra que no está
La aparición del libro de Héctor Raúl Ossés, sobre ficción y realidad en la Patagonia nos lleva a pensar justamente en la intencionalidad que la creación de mitos y sus sostenimiento en el tiempo tienen para procurar un status quo en el imaginario común. La ignorancia sobre la historia de la ciudad y la región es tal que la misma se repite cíclicamente, como una suerte de "eterno retorno" que en algún momento planteara Lino Marcos Budiño a principios de la década del ´70. "Comodoro Rivadavia: sociedad enferma" habla de la monoproducción petrolera y la diversificación económica, de la desigual distribución de la riqueza, de la marginalidad urbana, de la inmigración chilena, de la postritución que acarrea la explotación petrolera y su boom, de la moralina que embarga al pueblo, del alcoholismo, de la delincuencia, de las empresas explotadoras extranjeras, del centralismo que conlleva la falta de autonomía política y, por supuesto, la falta de compromiso de sus residentes. "Enferma porque impide la ruptura del cascarón frustrante que mantiene el status quo, y enferma también porque desde afuera no se le brindan las posibilidades de resolver sus problemas, que son en definitiva de estabilidad económica y social". (3)
El libro de Ossés se queda en el planteo de las cosas, circunscribe la Patagonia a su Santa Cruz, obvia algunos datos fundamentales sobre la historia de su provincia y, en el tren de los mitos, nada dice de la fabulosa Trapalanda, reafirma algunas ficciones y olvida las realidades. Se trata de la ponencia que el escritor santacruceño hizo en Manchester, Inglaterra, como "conferencista no académico" de la Universidad Nacional de la Patagonia Austral (UNPA), y que nos permite conocer lo que el cantautor fue a decir, pero lo que es más claro, nos permite saber todo lo que no dijo, dejando un sabor amargo por la oportunidad histórica de reivindicar hechos ante quienes, con Drake y Cavendish a la cabeza entre otros, hicieron parte de la historia de esta región. Eso sí: la edición es bilingüe. Especialistas en historia patagónica coinciden en que Ossés edita en realidad "un prólogo para una obra que no está".

Ficciones verdaderas
El docente e investigador de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco (UNPSJB), Raúl Muriete, asegura que "aquí la identidad deja de ser un proceso natural, sin conflicto y de libre adhesión (esto no quiere decir que las clasificaciones culturales no sean conflictivas y arbitrarias) y nos encontraríamos con una variada gama de grupos locales propensos a imponer un tipo de identidad, de reconocimiento, de actuación, propia de los mismo grupos de pertenencia. Lo interesante de esta tesitura es que la identidad aquí es reconocida como un espacio de conquista, dominio, estrictamente interesado". (4)
Y en esa lucha de poder empresarios, políticos, los medios de comunicación, actores políticos como dirigentes barriales, desocupados, planes trabajar, gremios y otras, son las piezas que promueven la construcción de grupos con identidades definidas. Los mitos locales que se siguen sosteniendo con fuerza también son medios que se utilizan para la construcción de la identidad. Los mitos que se vuelven paradigmas en el hoy como ayer: la destilería de petróleo que abarataría el costo del combustible, el cierre de la válvula que alimenta de petróleo y gas al norte del país y que se promete siempre que se sufren postergaciones o no se atienden los reclamos; la utilización de las regalías en la diversificación económica (que para ello fueron creadas y sin embargo jamás se utilizaron para tal fin); y aquél que sostiene desde antaño que "buscando agua se encontró petróleo".
La identidad de la ciudad no puede pensarse desde otro lado que no sea el propuesto por el profesor Muriete, porque es la ciudad un espacio de conquista, de dominio, donde los intereses creados y el poder económico se imponen por sobre cualquier otra posibilidad de entenderla, de nombrarla.

La genealogía del nombre
En un excelente trabajo denominado "El eco de la letra", el escritor local Ángel Uranga investiga el origen de la palabra Patagonia. Y asegura que "las palabras patagón / patagones provienen de la letra, de la letra de la literatura. Debemos a la investigadora María Rosa Lidia de Malkiel la restitución de la verdadera etimología oscurecida por el prejuicio y el lugar común, señalándola en los libros de caballería tan consumidos por descubridores y conquistadores hispánicos del siglo XVI; tal la novela "Primaleón", perteneciente al ciclo de los "Palmerines" con ediciones de 1512 a 1588. La interpretación por ser tan insólita como valiente fue objetada en un intento de refutación por parte de Leoncio Deodat forzando el término "Patagonia" como equivalente a "tierra de indios pobres, de escaso valer". Igualmente se pretendió un origen quechua de la palabra, dando por supuesto que Magallanes dominara ese idioma americano. En suma: respecto a la etimología de "patagonia - patagón - patagones", resulta el topónimo dado a los habitantes de la región austral atlántica por el marino portugués al servicio de España, Hernando de Magallanes. El étimo "Patagón" proviene del monstruoso personaje homónimo del "Primaleón o segundo libro de Palmerín de Olivia", o también "Libro segundo del emperador Palmerín", edición de 1512 en Salamanca". (5)
Nada tiene que ver el tamaño de los pies del Aoni Kenk en el nombre que se les dio desde los barcos de los invasores.
Quizás desde esa aleatoria forma de nombrar al nativo de estas tierras se establece el sino de escribir literatura por sobre la historia, de construir y divulgar mitos por sobre la real difusión de los hechos como sucedieron. Los ejemplos son muy claros y los hay en profusa cantidad. En la tarea de destruirlos se encuentra, entre otros, el historiador Ernesto Maggiori, con una bibliografía extensa y muy rica en cuanto a rigurosidad científica, y ubicado en el lado opuesto de aquellos que enumeran algunos hechos y obvian otros con tendenciosa intención.
Pero no son los poetas los que crean los mitos o construyen ficciones para contribuir a la construcción de la identidad o coadyuvar a oscuros fines políticos, al menos no en su gran mayoría.
El periodista y escritor Cristian Aliaga también tuvo palabras para el mito patagónico: "El mito de la Patagonia es uno de los más resistentes en estos tiempos en que los mitos duran poco. Libros, películas, sueños, marcas de los artículos más variados llevan años vendiéndose gracias a él. El mito mismo parece estar en venta". (6)

El país aparte del país
El poeta Juan Gelman aseguró, hace unos años atrás, que "hay muchas voces valiosas en el Sur -ese país aparte del país- que la macrocéfala Buenos Aires no quiere absorber. Hay que insistir".
No quiere o no puede absorber, he aquí una cuestión a resolver también. Ese país aparte tiene a su vez regiones con su propia identidad, su propia historia y cultura. Su gente es diferente y su pluma marca el papel de manera distinta. Es imposible notar un tono patagónico que identifique a la Literatura escrita en la región como un movimiento literario con fuerza propia. No hay un corpus literario que nos permita hablar de ella con características similares. Los temas, las vivencias, los recursos, incluso el idioma y sus giros lingüisticos, las formas de vida y de ganársela -que por ejemplo, nos unen más a Caleta Olivia que a Trelew- los paisajes y las distancias, todo es prácticamente inabarcable. Lo que nos acerca es nuestra juventud y todo lo que debemos aprender y crecer. Hablo de juventud cultural. Los centros culturales del país nos llevan dos o tres siglos de vida y ubicarnos como un país aparte nos aleja de aquél aprendizaje.
Creo que hablar de Literatura Patagónica es un anacronismo, construido por quienes intentan usufructuar el mito patagónico, por quienes tienen en venta un catálogo de productos regionales, todos ellos con su respectiva etiqueta y en sus respectivos anaqueles. No nos ayuda en nada por ahora. Nos sigue empujando a que los hacedores sigan leyéndose a si mismos con las limitaciones propias de no contar con una red de distribución de sus producciones que permita el acceso a los libros que se publican en la región. No conocemos todo lo que se publica por lo que es imposible hablar de un corpus propio, por todo esto y porque es inabarcable para su análisis.
Hablar de Literatura Patagónica no amplía el registro de lectores, no nos permite ingresar a la educación formal, no llegamos a la gente de manera directa. Toda vez que ni siquiera constituye un rótulo que contribuya a generar el interés de lectores más que aquellos extranjeros que, de la misma manera que adquieren cualquier otro producto, compran un libro: mero exotismo.
En otro orden de cosas, estoy convencido de que la Poesía está más cerca de la Filosofía, y dentro de ésta de la Ontología que de la Literatura. Y todo este trabajo pues, está pensado desde ese lugar. La poesía como búsqueda de conocimiento. ¿Importa entonces el lugar de nacimiento del poeta? ¿O hay algún tipo de requisito para lo que el decir desde donde sea pueda ser rotulado como "patagónico"?
La problemática cultural es tan vasta que prefiero pensar en la utopía como lo hacía la poeta neuquina Irma Cuña y no en el mito. La utopía como parte de la condición humana, y el proyecto del mañana que significa la verdadera aprehensión de la temporalidad. La utopía reconoce simultáneamente elementos de la ficción y elementos de la realidad, es crítica de la sociedad de la época y proyecto de una sociedad que vendrá.
El poeta comodorense radicado en Neuquén, Raúl Mansilla, dice en su poema V:

Sur es el después.
Salvaje mordedura de los astros,
ni los sueños de todas las especies,
han estado en sus partes últimas.

Claroscuro de órdenes terrestres,
todo lo que toca
lo transforma en distancia,
todo lo que huele,
en bárbaro silencio. (7)

Creo, como Javier Bello, que toda gran Poesía es una búsqueda de conocimiento.


(1) BELLO Javier, Rolando Cárdenas. El Sur, territorio y mirada, www.surdelsurpatagonia.com.ar - Julio de 2001.-
(2) ARTOLA Raúl O. - El Camarote Literario Nº 3, Viedma, Río Negro - Texto presentado en la II Feria de la Palabra de Comodoro Rivadavia, el 9 de julio de 2004.-
(3) BUDIÑO Lino Marcos - Comodoro Rivadavia: Ciudad Enferma, Capital Federal, 1971.
(4) MURIETE Raúl - Las identidades como ficciones verdaderas en el Comodoro actual - Artículo publicado en Diario El Patagónico, febrero de 2006.-
(5) URANGA José Ángel - El Eco de la Letra, una genealogía patagónica, Biblioteca Virtual Temakel, Julio de 2002.
(6) ALIAGA Cristian - Crear en la tierra mítica, Suplemento especial Interior Chubut, Revista Ñ, Buenos Aires, Marzo de 2006.
(7) MANSILLA Raúl - V, Estaciones de la Sed.

La Poesía y los imbéciles, por Aldo Pellegrini

La poesía tiene una puerta herméticamente cerrada para los imbéciles, abierta de par en par para los inocentes. No es una puerta cerrada con llave o con cerrojo, pero su estructura es tal que, por más esfuerzos que hagan los imbéciles, no pueden abrirla, mientras cede a la sola presencia de los inocentes. Nada hay más opuesto a la imbecilidad que la inocencia. La característica del imbécil es su aspiración sistemática de cierto orden de poder. El inocente, en cambio, se niega a ejercer el poder porque los tiene todos.
Por supuesto, es el pueblo el poseedor potencial de la suprema actitud poética: la inocencia. Y en el pueblo, aquellos que sienten la coerción del poder como un dolor. El inocente, conscientemente o no, se mueve en un mundo de valores (el amor, en primer término), el imbécil se mueve en un mundo en el cual el único valor está dado por el ejercicio del poder.

Los imbéciles buscan el poder en cualquier forma de autoridad: el dinero en primer término, y toda la estructura del estado, desde el poder de los gobernantes hasta el microscópico, pero corrosivo y siniestro poder de los burócratas, desde el poder de la iglesia hasta el poder del periodismo, desde el poder de los banqueros hasta el poder que dan las leyes. Toda esa suma de poder está organizada contra la poesía.

Como la poesía significa libertad, significa afirmación del hombre auténtico, del hombre que intenta realizarse, indudablemente tiene cierto prestigio ante los imbéciles. Es ese mundo falsificado y artificial que ellos construyen, los imbéciles necesitan artículos de lujo: cortinados, bibelots, joyería, y algo así como la poesía. En esa poesía que ellos usan, la palabra y la imagen se convierten en elementos decorativos, y de ese modo se destruye su poder de incandescencia. Así se crea la llamada "poesía oficial", poesía de lentejuelas, poesía que suena a hueco.

La poesía no es más que esa violenta necesidad de afirmar su ser que impulsa al hombre. Se opone a la voluntad de no ser que guía a las multitudes domesticadas, y se opone a la voluntad de ser en los otros que se manifiesta en quienes ejercen el poder.

Los imbéciles viven en un mundo artificial y falso: basados en el poder que se puede ejercer sobre otros, niegan la rotunda realidad de lo humano, a la que sustituyen por esquemas huecos. El mundo del poder es un mundo vacío de sentido, fuera de la realidad. El poeta busca en la palabra no un modo de expresarse sino un modo de participar en la realidad misma. Recurre a la palabra, pero busca en ella su valor originario, la magia del momento de la creación del verbo, momento en que no era un signo, sino parte de la realidad misma. El poeta mediante el verbo no expresa la realidad sino participa de ella misma.

La puerta de la poesía no tiene llave ni cerrojo: se defiende por su calidad de incandescencia. Sólo los inocentes, que tiene el hábito del fuego purificador, que tienen dedos ardientes, pueden abrir esa puerta y por ella penetran en la realidad.

La poesía pretende cumplir la tarea de que este mundo no sea sólo habitable para los imbéciles.



(Publicado en en Poesía = Poesía Nº 9 Agosto de 1961, Buenos Aires)

miércoles, 19 de enero de 2011

Tierra redonda, de Rodolfo Alonso

hoy estamos aquí contenemos el mundo
rebeldes a la muerte a la resurrección a la palabra
no sabemos qué hacer con nuestra espalda
nuestras manos que cantan la noche vertical
el sol por tanto tiempo iluminado
la alegría ascendente

tu tiempo se abre aquí tierra redonda
tu boca se abre
y sobre el horizonte del presagio
nuestra sombra aparece tercamente

(de Poesía Buenos Aires, Nº 16-17, 1954, incluído en el libro "Poesía Buenos Aires (1950-1960) Antología Íntima", Ediciones Del Dock, 2010)

plaza roma, de Silvia Álvarez

al primer día ella se colgó de las hamacas hasta el cielo
al día segundo jugó con tu bastón y vos
en día tercero de llovizna
con campera roja roja me esperaste
sentado en la escalinata

del cuarto día quedó
tu pelo desprolijo y tu mano
que me vió llegar
y no se pudo saber a ciencia cierta
hacia dónde íbamos
en el día quinto
pero quedaron los agujeros en la tierra
como clavos que se clavaran

a causa del juego de la mancha
que jugamos en el sexto día
no pudieron crecer hijitos otros
en mi vientre
hicimos
un pacto salvaje y

al séptimo día volví
a la plaza al banco a los agujeros
a la hora en que la gente sale
a calentarse al sol las muertecitas los dijuntos varios y
la escalinata se me plantó enfrente
y hay árboles frondosos encima de mi cabeza
y no podrán crecer ya nunca
hijitos otros de mi vientre

(de "Grandísima furia lo asista", Libros de Tierra Firme, 1986)

martes, 18 de enero de 2011

Los cuerpos son blandos, de Cristian Aliaga

Junto a los postes telegráficos que siguen a la ruta como
un perro faldero e inmutable, la luz del poniente es absoluta.
Podría decirse que no atardece, sino que un animal desolado
carcome el horizonte. Una multitud de pequeñas fieras
invisibles cruza el camino. El que viaja sólo divisa a los coleópteros
estrellados contra los faros, incapaces de reaccionar;
los cuerpos son blandos y se introducen en la carrocería
sin provocar ninguna alteración, salvo las manchas en los
cristales. En la estación de servicio abandonada los surtidores
persisten con sus cabezas azules y las mangueras colgadas
del vacío. Un Rambler Classic desguazado apunta su trompa
hacia el norte, rumbo a Buenos Aires, en una postal congelada
de un viaje que nunca empezará. Su techo, abovedado
por agua de lluvia, ha sido tumba para un peludo muerto
de panza hacia el cielo.

(Pampa Salamanca)

(de "Música desconocida para viajes", Relatos del Dragón, 2002)

lunes, 17 de enero de 2011

Yo también estoy destrozado, de Raúl Gustavo Aguirre

Yo también estoy destrozado
a pesar de que (dentro de mis limitades posibilidades) visto correctamente,
me afeito todos los días, excepto los domingos,
visito mensualmente al peluquero y de vez en cuando al dentista,
lustro mis zapatos y desempeño con aplicación ciertos oficios irreales
tales como bibliotecario, profesor y jefe de familia.
Y aunque Rimbaud me pasma y admiro a Gotfried Benn,
quién dijo que el cerebro es nuestra tarea y nuestra maldición,
y soy capaz como cualquiera de entusiasmarme con la pampa
cuando viajo y exclamar: ¡qué increíble país!,
y no exhibo ninguna actitud filosófica original con respecto
al desgarramiento que significa la existencia,
yo también, mis amigos, yo también, les juro y aseguro,
yo también estoy destrozado.

Cuándo empezó a romperse todo en mí no sabría decirlo.
Posiblemente fue cuando vi llorar a mi abuelo por falta de trabajo
o cuando vi llorar a mi padre por el mismo motivo,
o cuando un capitán me trató de piojoso
o cuando vi apalear a mis amigos
por la simple razón de soñar en voz alta
o cuando vi una prímula en la hierba
o cuando vi el fantasma de una estrella de mar, seco en una vitrina.

No sabría decir cuándo empezó a romperse todo en mí,
cuándo fui destruído por una infinita desazón
cúando se puso amarga la belleza en mi copa
pero lo cierto, amigos,
y a pesar de que bajo determinadas condiciones me
conduzco de un modo bastante razonable,
yo también soy un hombre de los que arrastran sus pedazos
por una tierra sin sentido.

(del libro La Estrella Fugaz, Libros de Tierra Firme, 1984. El poema es de 1970.
La fotografía es de http://aromitorevista.blogspot.com/)

miércoles, 12 de enero de 2011

Sin título, de Majó Abeijón

Pertenecemos al grupo de la herida en el ala.
No vamos a ser felices estando juntos.
Ni vamos a sobrevolar todos los océanos,
ni cafés del desayuno ni mates después
del amor en la siesta.
Ninguna certeza "hasta que la muerte".
Esta es otra tarea de la vida
No estamos sordos.

Aunque no digamos nada
-y no sonemos tan "setentas"
y seamos maldita o generosamente posmos-
hay una historia que se inscribe en las sombras
y desangra ideas absurdas sobre la luna.

Ya no hace falta ver para creer
con tocar basta.

Sabemos cuál es la palabra que atraviesa todos los
textos
pero -como si el pasado pudiera quedarse quieto-
mudos y desnudos
nos entregamos a vos,

experta boca de la noche.


(de "Sobre vivir a la luz" de Majó Abeijón, Editorial Limón, 2005)

lunes, 10 de enero de 2011

Sin título, de Andrés Cursaro

La casa se muere dice la casa tiembla cierra las ventanas
pierde el sentido de las horas esa casa ya no es mi casa
grita condenada está la casa que se muere a destiempo
entre las horas de la noche que pueden ser día y abre la
puerta cuando nadie entra se ilumina en plena tarde y se
arranca el pasto raíz a raíz se muere la casa se muere
dice ahora deja que el agua se le filtre por el techo se
empañe el espejo frente al sol no se cuida hasta las
cortinas dejó caer no le importan las piedras perforando
vidrios mi casa muere se muere está mal no reconoce
mis perfumes se quita los clavos y caen cuadros las fotos
que la muestran recién pintada y descascara colores que
bien le hacen se deja golpear por el viento y la tierra que
pasa por los huecos se muere la casa se muere nomás
y el hombre de esa casa muere también amurado a las
paredes las sombras que allí están lo miran caer frotar
las manos en el revoque quitar uno a uno los adornos del
dormitorio levantar la alfombra orinada por los gatos lo
miran caer a l hombre de esa casa que muere en cada
ladrillo ve los días que ahora lo llevan a esa misma casa
plena de sol de pasos apurados a los aromas del laurel el
hombre es una hoja de laurel ahora arrojado al medio
del salón donde levanta el piso desde abajo y lo ven caer
también como a esa casa que se muere cerrar la puerta
lo ven escuchar decir se muere la casa se muere no baila
el hombre están ausentes la música las manos que lo
llevan el vestido que lo guía no baila y grita dice que la
casa se le muere que ya no soporta su peso que anoche
dejó caer silencio en el patio y que la lluvia lo ahoga en
este silencio el hombre de esa casa también escucha a las
paredes abrirse dicen que el hombre de esa casa que
muere con él en él recién habitada persigue sombras en
paredes que no están en el pasto seco del jardín pero
está muerta la casa en la imagen que encuentra está sin
pintura sin ladrillos cortinas está muerta la casa dice el
hombre que se mira desde la ventana.

(de "Estación/Tierra/Nada" de Andrés Cursaro,
Ediciones en Danza, 2006)

sábado, 8 de enero de 2011

Deakká!!

Si mal no recuerdo antes se llamaba "París-Dakkar", y era el rally más importante del mundo. Pero ahora ya no tiene el mismo recorrido y se mudó a nuestra sudamérica. No sé por qué no se llama de otro modo como "Baires-Iquique" o algo así. De todas maneras dudo mucho que cualquier forma de automovilismo sea un deporte. Alguno podrá decirme que los pilotos deben entrenar y practicar, pero no dejan de depender de un equipo que mantiene más a la máquina que conducen que al hombre/mujer que se sube a ella.
Tampoco entiendo bien qué hace que la gente vaya a ver como pasan los autos por delante de sus narices. No entiendo qué hace que la gente vaya a llenarse de tierra al costado del camino, ni por qué algunos de los espectadores saludan a los competidores como si se tratara de las reinas de la primavera, como si los pilotos pudieran devolverles el saludo. No entiendo por qué los medios le dan tantos kilómetros de tinta en los diarios, ni tampoco por qué tantos segundos en la radio, porque ni siquiera se hace hincapié en las marcas que conducen sino en los pilotos, cosa que también me llama la atención.
Por ejemplo dicen: "Patronelli ganó la tercera etapa con una diferencia de 14 segundos sobre el segundo, el italiano Carburatore". ¿Y a mí qué me importa? ¿Por radio? ¿No es una estupidez?
No me gusta el automovilismo en ninguna de sus opciones: Ni el TC, ni la F1, ni el Hot Rod, ni el Rally, ni el Karting. Y a ver si los sudamericanos al menos nos hacemos un poco de publicidad cambiándole el nombre al Rally. "De acá", diría el Negro Olmedo, "de acá en más..."